La Sandía. Color, olor, sabor… ¿y qué más?

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Llega el ansiado verano con sus días más largos y calurosos. El sol permanece más tiempo sobre nuestras cabezas provocando la búsqueda de lugares más frescos donde poder saborear platos y bebidas que además de calmar nuestro apetito también mitiguen nuestra sed.

Y a quién no le apetece salir de excursión, disfrutar de la naturaleza con sus árboles, riachuelos y montañas, saboreando una comida en el campo donde, por supuesto, una de sus protagonistas es la sandía.

El “Citrullus lanatus” de la familia de las Cucurbitaceas es una planta anual que crece a ras del suelo y cuyos tallos llenos de zarcillos se enroscan como verdes tirabuzones, mientras sus grandes hojas oliváceas se abren para acoger al pepo o baya falsa que se convertirá en una hermosa y dulce sandía.

Además de ser llamada sandía, también es conocida con el nombre de melón de agua, patilla o pepón, nombres que nos traen una imagen rojiza y fresca.

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Su incierta procedencia la hacen originaria de África, extendiéndose por todo el Mediterráneo. Lo que sí es cierto es que su consumo se remonta incluso hasta el antiguo Egipto, cuando sus faraones se hacían enterrar con todo aquello que necesitarían en el Más Allá: objetos personales, barcas, adornos, amuletos, alimentos de todo tipo, entre ellos la sandía. Ya en la Biblia aparece mencionada esta jugosa y roja fruta. Y serán los árabes los encargados de difundir el deseo de degustarla entre los habitantes de la Península Ibérica.

La sandía al igual que el melón son frutas típicas del verano de los países cálidos y secos del Mediterráneo, extendiéndose en la actualidad a zonas tropicales y subtropicales de América, sembrándose durante todo el año, aunque lo normal es que el cultivo se inicie entre enero y febrero en un invernadero y termine en octubre, será durante los meses de mayo a septiembre los que produzcan una cantidad mayor de este fruto.

Hasta hace poco tiempo la variedad Sugar Baby era la más conocida, es decir, la sandía de un verde intenso, casi negro, por fuera y muy coloradota por dentro, con una pepitas o semillas de un lustroso tono marrón, aunque también está la Crimson sweet, alargada y con la piel a rayas. Al aumentar su consumo han empezado a aparecer una gran variedad de tipos de frutos: más pequeños, casi sin semillas, con la pulpa que puede ir del rojo más intenso al amarillo, pasando por el rosa pálido. Es el tipo Ice-box el que presenta sandías más redondas y pequeñas, exteriormente de color verde claro con rayas y su interior es rojo o amarillo, al no tener prácticamente semillas es más cómoda de tomar.

Toda la humedad que necesita la planta al principio de su desarrollo se va a transformar en agua baja en azúcares y muy refrescante, proporcionando importantes cantidades de vitamina C, A, potasio y magnesio. Además su alto contenido en agua hace que tenga propiedades diuréticas.

Una vez que hemos elegido la sandía que va a ser postre en nuestra mesa, hay que conservarla en un lugar ventilado para que se mantenga ese dulzor tan característico y que es provocado por su contenido en fructosa, sacarosa y glucosa.

Consumirla fresca, en zumo o en macedonia, decidirnos por la roja o por la amarilla, da igual porque al introducir esos pequeños trozos de crujiente pulpa en la boca sentiremos como su jugo resbala por nuestra garganta dejando un delicado y dulce sabor en nuestro paladar. Estamos en verano hay que disfrutar de todo lo que nos ofrece y la sandía es un gran regalo.

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