Es absolutamente preciso limpiar las mollejas, pues su piel ó película es tóxica. Antes de blanquearlas, deben someterse a remojo (agua fría) durante dos horas, cambiando el agua dos o tres veces. De esta manera, quedan más blancas y se limpian bien de la sangre que puedan contener. Posteriormente se introducen en una cacerola con agua fría que las cubra. Se les da un hervor con un poco de cebolla troceada, laurel, zumo de limón y una pizca de sal. Se ponen a cocer y, cuando rompe el hervor, se baja la intensidad del fuego y se cuecen despacio durante unos cinco minutos. A continuación, las mollejas son retiradas del fuego. Se sacan del agua caliente y se introducen en otro recipiente con agua fría, para que se refresquen, por espacio de 10 minutos. Una vez refrescadas, se escurren y, después, se extraen todas las venas, los trocitos de grasa y las pieles que resten, hasta que queden totalmente limpias.
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