Despegar la lengüeta de la parte interior del cuerpo;
levantar el caparazón y apartarlo.
Retirar las vísceras lavándolo bajo el chorro de agua.
Conservar las huevas, pues dan mucho sabor.
Partir el cuerpo en dos, donde se encontrará en cada costado la
deliciosa carne.
Si se compra la pulpa de jaiba ya cocida, quítele
cartílagos y trozos de caparazón.













