El caqui, también conocido como palo
santo, es una fruta tropical que pertenece a la familia de las Ebanáceas.
Existen distintas especies de consumo, de tamaño y sabor diferenciados.
Existen dos grupos principales de
Caqui: el oriental o japonés (Diospyros kaki) y el americano (Diospyros
virginiana). El Caqui oriental crece en árboles altos de hoja caduca en el sur
de Europa y en Oriente Medio, desde donde se exportó a los consumidores
europeos. En función de la variedad, el fruto puede pesar entre 70 y 400 g, la piel es brillante y
de color rojo anaranjado y la carne varía entre amarillo y naranja. Cuando está
verde es muy astringente, pero se vuelve suave, dulce y aromático al madurar.
El fruto se usa como postre y también para la elaboración de mermeladas,
gelatinas y relleno de pasteles.
El caqui, muy nutritivo, es rico en
vitaminas del grupo B y en fibra. También es interesante su aporte en minerales
como el fósforo, calcio e hierro
El caqui
astringente debe estar bien maduro para su consumo. Se han de descartar los
ejemplares con imperfecciones en la piel. Así mismo conviene que en la compra
conserven el tallo y el casquete. Es mejor adquirir frutos aún duros, que se
pueden conservar refrigerados durante un período aproximado de tres semanas. Si
aún está verde, se lo debe dejar a temperatura ambiente hasta que se complete
su maduración. El caqui es un fruto muy delicado y difícil de comercializar,
excepto la variedad Sharon, dura y consistente, las demás hay que consumirlas
cuando están blandas y maduras y en poco tiempo, ya que se estropean enseguida.
Si queremos acelerar su maduración, podemos introducirlo en una bolsa de papel,
junto con otras frutas tales como plátanos o manzanas. El caqui se puede
congelar, entero o su pulpa, en cuyo caso se recomienda añadir zumo de limón
para evitar que se altere su color.















