Su
presencia es creciente como elemento decorativo de algunos platos. Su
vinculación alimentaria se remonta a la Edad Media, sobre todo en
Francia, donde los patés y las aves asadas se solían envolver en finas
hojas de oro. Más frecuente resulta todavía la presencia de elementos
aúreos en la repostería, donde es habitual contemplar chocolates
decorados con un finísimo fragmento dorado. Otro ejemplo es el del
licor de Dantzig, llamado también «agua dorada», con el que se acompaña
el soufflé Rothschild, y que suele contener minúsculos trocitos de oro
en suspensión. Por último, el añadido de oro está autorizado para la
coloración superficial de diferentes preparaciones de charcutería.
Oro











