La sandía (Citrullus lanatus sin.
Citrullus vulgaris) es una planta de la familia de las curcubitáceas y también
su fruto.
Planta originaria de África pero de
gran difusión histórica en Asia. Es anual, dicotiledónea, herbácea, áspera, con
tallo rastrero piloso provisto de zarcillos y hojas de cinco lóbulos profundos,
flores amarillas, grandes, unisexuales; las femeninas tienen el gineceo con
tres carpelos, la masculina con cinco estambres; fruto grande, en pepónide,
carnoso y jugoso (más del 90% de la sandía es agua), con numerosas semillas,
casi esférico, verdoso, pulpa de color rosado o rojo, generalmente de sabor
dulce (más raramente amarilla y amarga) muy apreciada por ser refrescante y
rica en agua y sales; importante para dietas de adelgazamiento por contener
pocas calorías.
Sabemos si una sandía está madura si
la mancha de la cáscara que ha estado en contacto con el suelo es de color
amarillo cremoso. Una mancha blanca o verdosa indica que se recogió antes de
tiempo y resultará insípida, pues la sandía es un fruto no climatérico, motivo
por el cual, para que sea de buena calidad ha de recolectarse cuando está
totalmente madura. El truco para elegir una sandía madura es que al darle
golpes con los dedos o las palmas de las manos ésta suene a «hueco».
Su superficie no ha de presentar cicatrices, quemaduras de sol, abrasiones,
áreas sucias, magulladuras u otros defectos. Si se adquiere una sandía en
trozos, conviene asegurarse de que la carne es firme y jugosa.
En la mayoría de las ocasiones se
consume en crudo, resultando más refrescante si se sirve fría.
También se
emplea en la elaboración de sorbetes, purés, mermeladas y sandía confitada.













