Rebane las berenjenas a lo largo, como de medio centímetro de espesor; espolvoréelas con sal y acomódelas en un colador.
Ponga un plato con algunas latas encima de las berenjenas para que suelten agua lo más posible; déjelas así durante una hora.
Enjuague ligeramente las berenjenas y séquelas completamente con papel absorbente.
Caliente una cucharada de aceite de oliva en una sartén, de preferencia que sea de teflón, y dore a fuego medio las berenjenas, tres minutos por cada lado, hasta terminar con todas; al irlas sacando de la sartén acomódelas sobre el papel para recoger el exceso de aceite.
Espolvoree la gelatina sobre el agua y déjela suavizar 10 minutos, aproximadamente.
Caliente en una olla pequeña el consomé de vegetales, a que hierva; menee la gelatina y añádala al consomé; deje hervir esto 30 segundos, aproximadamente; ahora déjelo enfriar.
Forre con plástico un molde metálico de 8 por 4 por 2 y media pulgadas de alto; deje que el plástico sobresalga de las orillas unos 3 centímetros, aproximadamente; acomode las rebanadas de berenjena en el fondo y los lados del molde.
Combine el tomate picado con la mezcla de la gelatina y corrija el sabor añadiendo sal y pimienta; vacíe esto encima de las berenjenas.
Encima del tomate ponga el resto de las berenjenas, a que los tomates estén totalmente cubiertos.
Con el plástico que sobresale termine de forrar las berenjenas y selle el molde; llévelo al refrigerador y déjelo toda la noche.
Quite el plástico y desmolde la terrina, rebánela y adórnela con rebanadas de tomate, hojas de albahaca y un chorrito de aceite de oliva.