En una sartén ponga algo menos de la mitad de la mantequilla (unos 30 gramos).
Cuando esté derretida añada la harina; dele unas vueltas con la cuchara de madera y eche después poco a poco el agua caliente, teniendo buen cuidado de que no se formen grumos.
Cuando rompa el primer hervor aparte del fuego.
En un tazón ponga las yemas, añádales un poco de salsa de la sartén, con mucho cuidado, poco a poco y dando rápidamente vueltas con la cuchara para que las yemas no se cuajen.
Incorpore el contenido del tazón en la salsa de la sartén.
En este mismo tazón ponga la mantequilla, que debe estar blanda, y la mostaza.
Poco a poco añada unas 3 ó 4 cucharadas soperas de salsa de la sartén.
Una vez desleída la mantequilla una todo a la salsa.
Muévalo bien, rectifique de sal y sírvalo.
Si hubiera de esperar un poco para servir la salsa póngala en un cazo y manténgala al baño maría, pero que en ningún caso cueza la salsa.