En un cuenco grande se echan los huevos.
Por cada huevo se le agrega tres cucharadas de azúcar, tres de harina, tres de leche y tres de aceite, moviendo la masa, pero que no espese, para darle la forma. (En este caso como hay tres huevos, se le añadirá 9 cucharadas del resto de ingrediente).
Es bueno saber esta medida por si queremos en otra ocasión hacer más cantidad de roscos o menos.
Una vez que la masa esté homogénea, se va sacando poco a poco (la suficiente para hacer un rosco), y se le da la forma del rosco.
Un truco para que nos cueste menos hacer el rosco, es mancharnos las manos en harina y así resbalará la masa mejor.
En una sartén con bastante aceite y cuando esté bien caliente, se van echando los roscos y una vez fritos, se espolvorean con azúcar.
Se comen fríos.