Poner en una sartén abundante aceite a fuego vivo hasta que alcance una temperatura de 160º aproximadamente.
En este momento agregar los pimientos, que sean finos, de una largura aproximada de ocho centímetros, moverlos con una espumadera por espacio de breves segundos.
Retirar la sartén del fuego vivo y dejar que siga la cocción a fuego más lento, dándoles vueltas sin que se doren (que mantengan siempre el color natural de ellos).
Extraerlos, escurrirlos y depositarlos en un recipiente.
Mantenerlos tapados por breve espacio de tiempo y agregarles sal.
Ponerlos en un recipiente o plato y servirlos a la mesa.