Hacemos un caldo con la pastilla de caldo disuelta en una taza de agua caliente, reservamos.
Salpimentamos los pollitos, los ponemos en una cazuela de barro con 8 cucharadas de aceite de oliva y 1 de vinagre, el caldo y una cucharita de pimentón.
Tapamos y dejamos cocer a fuego lento hasta que los pollitos estén tiernos.
Freímos los ajos y el pan en una sartén, cuando estén fritos los machacamos en un mortero, añadiendo el perejil, y un poco de caldo de la cocción del pollo.
Unos 10 minutos antes de retirar la cazuela del fuego, añadimos la picada de mortero.