Lo primero es contar con una paella, especia de sartén grande y poco profunda con una asa a cada lado.
Se pone aceite de oliva y se enciende el fuego.
Los garrafones se ponen a remojo la noche anterior.
Una vez caliente el aceite se sofríen las carnes sazonándolas con sal y hierbas de Provenza, a fuego lento hasta que estén bien doradas.
Se añaden los tomates picados con los ajos y las judías verdes abiertas a lo largo y cortadas en trozos grandes.
Dejar que se haga lentamente el sofrito.
Añadir agua caliente que cubra las carnes y judías tanto las verdes como los garrafons.
Dejar cocer muy lentamente por espacio de 45 minutos, hasta que casi se haya evaporado el agua.
Con esta cocción se logra un fondo lleno de sabor que imprimirá su fuerza a la paella otorgándole un sabor incomparable.
Mientras tanto tendremos preparada agua caliente en la proporción de dos tacitas y media de agua por cada tacita de arroz.
Añadiremos el arroz a la paella y mezclaremos bien con cuchara de madera dejándolo sofreírse ligeramente.
Por último se añade a la paella el agua a punto de hervir y las hebras de azafrán para darle un bonito color al arroz.
Punto fundamental: no remover el arroz una vez añadida el agua.
Dejaremos cocer por espacio de 20 minutos, al principio a fuego vivo y luego un poco más lento, si fuese necesario añadiremos un poco de agua caliente, pero siempre sin tocar el arroz.
Una vez comprobemos que el arroz está al "dente" se apaga el fuego y se deja reposar el arroz tapado 5 minutos.
Servir inmediatamente.
En Valencia es costumbre comer directamente de la paella, primero el arroz y luego la carne.