Limpie bien las manitas y colóquelas en un recipiente hondo con la cebolla, ajo, sal y vinagre fuerte.
Cúbralas con agua y cuézalas a fuego lento hasta que estén tiernas pero no desbaratándose como de 2 1/2 a 3 horas.
Recuerde que al enfriarse las partes gelatinosas se endurecen, así es que cuézalas el tiempo suficiente, pero no demasiado, para que no pierdan esas interesantes texturas.
Enjuague las manitas brevemente y póngalas en un recipiente de vidrio y cerámica, cúbralas con el resto de los ingredientes, pruébelas de sal y póngalas en un lugar fresco, revolviéndolas y volteándolas de vez en cuando y asegurándose de que estén cubiertas por el vinagre.
Sírvalas como se sugirió anteriormente.