El día anterior, ponga en remojo los frijoles en las 4 o 5 tazas de agua.
Al día siguiente en la mañana, cocínelos en la misma agua del remojo, primero a fuego vivo y después a fuego lento, hasta que estén blandos (si fuera preciso écheles más agua). Deje que enfríen bien.
Puede dejarlos en el refrigerador hasta el día siguiente o continuar la preparación una vez que estén fríos.
Haga el sofrito moliendo en la máquina, con la cuchilla mediana, la cebolla, el ají y los dientes de ajo, conservando el líquido.
Cocínelo a fuego lento, revolviendo constantemente, hasta que el líquido se gaste.
Entonces añada el aceite de oliva y la mitad de los pimientos morrones, bien picaditos. Reserve el resto de los pimientos morrones y su líquido.
Siga cocinando el sofrito, siempre a fuego muy bajo, de 2 a 3 horas, hasta que estén bien espesos.
Al final del tiempo antes indicado, écheles la sal y la pimienta.
Luego agregue el azúcar, el vinagre, los pimientos morrones restantes con su líquido, cortados en tiritas y las 2 cucharadas de aceite.
Déjelos al fuego un poquito más. Rectifique el sazón y, si fuera necesario, añádale un poco más de sal y pimienta, al gusto.
Lo típico de esta receta es que el frijol quede sumamente suave, el caldo muy espeso y que tenga su punto dulce.