Hacer un corte en cruz en el extremo delgado de los higos, sin llegar a la mitad de la fruta.
Lavarlos bien, ponerlos en un recipiente, cubrirlos con agua y poner un peso encima para que no floten.
Dejarlos en remojo durante toda la noche.
A la mañana siguiente, escurrirlos y cocerlos en una cacerola con el bicarbonato y agua hirviendo, hasta que estén tiernos.
Apartarlos del fuego y dejarlos en el mismo agua hasta el día siguiente.
Exprimir los higos, uno a uno, y colocarlos en una cacerola.
Hacer un almíbar con la panela y el agua, hasta que se disuelva, colar y verter sobre los higos.
Añadir la canela y cocinar a fuego lento. El líquido debe cubrir los higos.
Cocer a fuego lento durante varias horas, hasta que la cantidad de líquido se reduzca y espese.
Dejar enfriar y servir el dulce con queso fresco.