Partimos el conejo en trozos medianos.
Hacemos un majado con los ajos, la pimienta, el comino y la sal.
Le añadimos seguidamente el vinagre, el vino, el aceite, y el pimentón.
Lo mezclamos bien y lo vertemos en la fuente del conejo.
Dejándolo macerar como mínimo nueve horas, toda una noche.
Pasado el tiempo de maceración, cogeremos cada trozos de carne y lo asaremos en una parrilla a fuego lento.
Con la salsa que nos haya sobrado se la añadimos a cada trozo de conejo, con la ayuda de una brocha pastelera, hasta que la carne termine de asarse.
Esté plato es típico que vaya acompañado de unas papas arrugadas o bonitas.