En la licuadora mezcle las sales, el pimentón, la pimienta negra, los ajos, el orégano y el vino blanco.
Aparte, pase las carnes por el molino y, después, mézclelas con los condimentos molidos.
Luego, ponga a remojar las tripas de cerdo en agua con vinagre; enseguida, vuélvalas a lavar perfectamente, colocando la tripa directo en el chorro de agua, pegada a la boquilla de la llave, para que pase por el interior.
Escurra la tripa y sumérjala en un recipiente con agua, dejando una punta fuera.
Enseguida, moje la boquilla del embutidor e introduzca la punta de la tripa que quedó fuera; poco a poco vaya arremangándola en la boquilla hasta que llegue al otro extremo.
Aparte, haga bolas con la carne ya preparada e introdúzcala en el embutidor; gire la manija para que la carne avance y aparezca por la punta de la boquilla.
Cuando ya se vea la carne, jale un poco la tripa y estire para que salga el aire que pueda tener.
Haga un nudo en esa punta y empiece a embutir, de tal manera que el chorizo quede firme y cuidando que la tripa no se reviente.
Ya que esté llena, hágale otro nudo a la tripa, tuérzala cada 12 centímetros y hágale un atado con hilo de algodón o de ixtle.
Cuando estén listos los chorizos, es recomendable que pique cada bola con una aguja, para evitar que tengan bolsas de aire.
Después, póngalos a secar dos horas a temperatura ambiente y luego cuélguelos en un lugar frío y ventilado, de cinco a seis días; pasado ese tiempo, el chorizo puede consumirse.
También guárdelo en un lugar frío y aireado o en la puerta baja del refrigerador.