Lavar los calabacines, cortarlos a lo largo.
Calentar abundante aceite en una cazuela y freír los calabacines, uno a uno; escurrirlos y colocarlos en papel absorbente.
Lavar y picar la cebolla y los dientes de ajo.
Sofreírlos en una cazuela con poco aceite y las hojas de laurel.
Cuando la cebolla estará transparente, añadir el vinagre y después de algunos minutos el vino blanco.
Añadir la salvia y dejar cocer 3/4 minutos sobre un fuego ardiente.
Colocar los calabacines en estratos en una cazuela, luego echar el compuesto y dejarlas macerar 5/6 horas en la nevera.