Ponga el Bacalao en remojo en agua fría durante 24 horas, cambiando el agua 3 ó 4 veces (el pescado debe más o menos duplicar su tamaño).
Saque el bacalao del agua fría y aclárelo bien; quíteles las espinas en caso de que sea necesario, sin dañar la piel, y córtelo en raciones; pele y corte el ajo en láminas finas.
Caliente el aceite en una sartén profunda o en una cazuela con asas.
Machaque la guindilla con una cuchara y échela a la cazuela junto con el ajo.
Fría todo a fuego lento hasta que se dore el ajo, luego saque el ajo y la guindilla, con una espumadera, reservando el ajo y tirando la guindilla.
Ponga la piel del bacalao hacia abajo sobre el aceite de oliva y cueza a fuego lento durante unos 20 minutos.
Mueva la cazuela constantemente, para espesar la salsa ligando la gelatina de la piel del pescado y el aceite, hasta que quede la consistencia de una mayonesa, agregar 4 cucharadas de agua, sazone ligeramente con la pimienta blanca.
Ponga el pescado junto con la salsa en 4 platos o en cacharros de barro, decórelos con las láminas de ajo reservadas y sírvalo inmediatamente, acompañado de patatas y de pan blanco crujiente.