Ponemos una cazuela a fuego suave con 10 cucharadas de aceite de oliva y dos ajos partidos en dos.
Cuando comiencen a dorarse, añadimos la cebolla y la rehogamos aproximadamente 45 minutos, hasta que quede bien oscura, marrón.
Entonces añadimos el puerro, los pimientos y el tomate.
Mantenemos al fuego al menos durante 40 minutos más.
Pasada, añadimos el pan troceado, la mitad del agua, la pastilla de caldo y la pulpa de pimientos.
Prolongamos otra media hora más.
Cuando falten 5 minutos, añadimos el agua restante y removemos.
Rectificamos el punto de sal, trituramos con el pasapurés y pasamos la salsa por un colador fino.
Si quedara muy espesa, añadimos una pizca más de agua.
En una sartén a fuego suave, vertemos el aceite restante y los demás ajos cortados en dos.
Cuando se frían, los retiramos e introducimos las tajadas de bacalao, de dos en dos, para que se confiten durante unos tres minutos, sin freírse, es importante.
Las sacamos a una fuente para que escurran y hacemos lo propio con las otras dos tajadas.
Sumergimos entonces las tajadas de pescado en la salsa vizcaína, bien cubierto y arrimando al fuego hasta que aparezcan pequeños borbotones, durante unos 10 minutos.
Retiramos del fuego y dejamos templar.
Si vemos que la salsa está muy espesa, la podemos aligerar con la gelatina y los jugo soltados por el bacalao en el plato después de confitarlo.
Al rato, calentamos de nuevo la cazuela a fuego muy suave, durante 5 minutos más. Listo para servir.