Calienta una sartén a fuego muy bajo y tuesta las hebras de azafrán despacio, vigilando constantemente y sin dejar de revolver con una cuchara de madera unos 2-3 minutos.
Cuando las hebras hayan tomado un color rojo fuerte (no marrón quemado) ponlas directamente en un mortero de madera y machácalas muy finas.
Pon el azafrán picado en un frasco seco, cuidando de no dejarte nada por el camino, y vierte en el frasco 250 ml de agua caliente.
Ciérralo bien y agítalo de modo que el azafrán se diluya en el agua.
Verás que el agua toma inmediatamente un color anaranjado.
Deja que se enfríe y guárdalo en la nevera.
Usa 50 ml o 100 ml de azafrán preparado según lo que diga la receta.
Agita siempre el tarro antes de usarlo.