Se lavan las fabas y se ponen a remojo con agua fría el día anterior.
Durante las primeras horas se mueven para que no queden apretadas.
Como las fabas ya están limpias se ponen a cocer en el mismo agua del remojo.
Conviene poner poco agua para que se pueda ir agregando más fría en pequeñas cantidades.
Se pone media cebolla, dos dientes de ajo y un chorro de aceite hasta que las fabas estén cocidas, luego se saca.
El fuego deberá ser fuerte al principio hasta que rompa el hervor y después más suave.
A continuación se prepara la carne.
Se pica toda en trocitos pequeños y se adoba todo junto con ajo machacado, sal, perejil y unas gotas de aceite.
Se dora en una sartén.
Se pasa a una tartera, se cuela el aceite de dorar la carne y se añade (todo picado) cebolla y media, perejil y zanahoria.
Cuando esté pochado, se le añade el pimentón, el tomate pelado y picado, un chorro de coñac y vino blanco.
Se guisa a fuego lento como cualquier carne, agregándole pequeñas cantidades de caldo, para que no quede aceitoso.
Cuando la carne y las fabas estén casi hechas se juntan y se deja cocer conjuntamente un poco más para que se concentren los sabores.
En una sartén con unas gotas de aceite se fríe el jamón en trozos pequeños y los pimientos en tiras que se pondrán por encima.
Es un plato muy sabroso, completo y vistoso y es más adecuado hacerlo en una tartera ancha y baja que en una alta.