Ponemos el aceite en la cazuela con el ajo, la cebolla cortada en brounoisse (picadito en cuadradito pequeño), el laurel y la guindilla.
Cuando están dorados, sacamos los vegetales y los echamos en el mortero.
Trituramos todo en una batidora hasta conseguir que se quede un puré.
La asadurilla y la carne de falda de cordero la cortamos a trozos pequeños y regulares y la sazonamos con sal y un poco de pimienta.
Cocinamos la carne en la cazuela a fuego lento, procurando que no se pegue, rehogándola con vino blanco y agua, si hiciese falta.
Cuando la carne empieza a ponerse blanda (de 30 a 45 minutos), añadimos el majado con que hemos preparado junto con 4 cucharadas de puré casero de tomate, dejándolo hervir todo junto.
Unos diez minutos antes de retirarlo del fuego, hay quien le echa un poco de sangre de cordero cocida previamente.
Servimos acompañado de unos picatostes de pan.