Tratamientos para la obesidad

Todavía hay muchos interrogantes por resolver. No existe un tratamiento único para la obesidad; este dato es un reflejo de la dificultad que entraña la resolución del cuadro. Se sabe que no todas las personas responden de igual forma a un tratamiento y, aún más, que un paciente también puede responder de forma distinta a un mismo tratamiento realizado en distintos tiempos. Cualquier actuación terapéutica tiene que ser multidisciplinaria. El objetivo que se persigue es mejorar la salud del paciente reduciendo los riesgos secundarios. Muchas veces el objetivo será corregir las alteraciones metabólicas, aunque la reducción de peso no sea moderada y oscile entre un 5 y un 10%.

Los posibles tratamientos pueden resumirse de la siguiente manera:

a) Dietas hipocalóricas. Representan el eje central del tratamiento. Las dietas bajas en calorías pretenden conseguir un balance energético negativo, es decir, que entren menos calorías de las que salen. La dieta debe ser equilibrada en cuanto a los nutrientes, y se debe adecuar a los gustos, costumbres y horarios de los pacientes. Hay que procurar que no represente una ruptura con la dieta anterior o, por lo menos, que la transición sea progresiva. Es importante que sea variada, para que el paciente no caiga en la monotonía y abandone el tratamiento.

b) Ejercicio físico. El objetivo que se pretende es doble; por un lado, mantener el tono muscular y, por otro, aumentar el gasto energético. El ejercicio debe ser adecuado al estado del paciente; en obesidades importantes es aconsejable un ejercicio poco intenso como caminar. Hay que procurar que la práctica del deporte se haga en compañía, para evitar el aburrimiento y con ello el cese de su práctica. El ejercicio físico cotidiano (subir escaleras, caminar, hacer la compra, etc.) ha demostrado ser el más eficaz para disminuir y mantener el peso.

c) Psicoterapia. El soporte psicológico es básico en el tratamiento de la obesidad; someterse a una dieta baja en calorías supone prescindir de muchos hábitos de forma rápida. Las visitas, al principio, deben efectuarse con una frecuencia de aproximadamente 15 días, para posteriormente ir espaciándolas en función de la evolución clínica. El resultado final de un tratamiento sólo será exitoso si se consigue modificar la conducta alimentaria.

d) Fármacos. Los tratamientos de los que se dispone actualmente pueden resumirse en dos grandes grupos: en primer lugar, los que actúan sobre el sistema nervioso central disminuyendo la sensación de hambre y aumentando el metabolismo basal. El representante de este grupo sería la sibutramina (Reductil®), que ya esta comercializada en todo el continente americano, Alemania y Suiza. El segundo grupo estaría representado por el orlistat (Xenical®), que actúa inhibiendo la absorción de un 30% de las grasas ingeridas. Además, se cuenta con las fibras, que actúan mediante un ligero efecto saciante, pero que no pueden considerarse como un tratamiento de la obesidad. No obstante, no debe olvidarse que el tratamiento farmacológico es una ayuda, y que su uso racional puede, en algunos casos, ser de gran valor.

e) Cirugía bariátrica. La cirugía está indicada en obesidades muy importantes (IMC > 40). A través de la cirugía se consigue una disminución de peso bien mediante la reducción del volumen del estómago o con técnicas de derivación gastrointestinal que reducen la absorción de los alimentos.

d) Otros tratamientos. La introducción de un globo en el estómago para ocupar parte de su volumen y así conseguir que la ingesta sea menor no ha dado los resultados esperados. Por otra parte, la fijación de los maxilares, para evitar que el paciente pueda comer sólidos y su ingesta quede limitada a los líquidos es una técnica poco utilizada en nuestro medio, dado que sus resultados tampoco han sido satisfactorios.

Tratamiento de la obesidad en niños y adolescentes

La obesidad infantil es un creciente problema de salud en los países occidentales. En un estudio realizado en los EE.UU. entre los años 1973 y 1994 se ha demostrado un aumento progresivo de la obesidad entre los 5 y 14 años, en un porcentaje que ha pasado de un 15% de obesos en 1973 a más de un 30% en 1994.

Partiendo de la base de que muchos obesos adultos inician su enfermedad en la infancia-adolescencia, los grandes esfuerzos dedicados a la prevención deben centrarse en esta etapa.

En general, se considera obesidad infantil la que se inicia a partir de los 3 años de edad, ya que los excesos de peso antes de esta edad no se consideran un factor de riesgo para la obesidad en el adulto.

La mayoría de los autores coinciden en que el tratamiento en edades tempranas debe tener como objetivo principal evitar que el niño en el futuro sea un adulto obeso y el propósito se debe conseguir con una alimentación adecuada, ejercicio físico y terapia conductual con el fin de cambiar los hábitos alimentarios para conseguir una alimentación adecuada.

El planteamiento del tratamiento del obeso infantil difiere notablemente del que se realiza en el adulto. En primer lugar, es muy importante que los padres entiendan que la base del tratamiento es conseguir que la familia cambie los hábitos alimentarios. No se puede pretender que dentro del núcleo familiar sóloel niño cambie de hábitos mientras el resto de la familia continúa con los antiguos. Los hijos tienden a identificarse con sus padres, lo que les lleva a imitar el comportamiento de sus progenitores; por consiguiente, en el futuro los hijos reproducirán los hábitos de sus padres y no aquellos que los padres han intentado inculcarles. Esto conlleva que es importante que toda la familia siga una alimentación lo más equilibrada posible, de cara a evitar el exceso de peso de los niños.

El agente más importante en el tratamiento de la obesidad infantil son los padres. Cuando los progenitores colaboran directamente en el tratamiento apoyando psicológicamente al niño e introduciendo los cambios de hábitos a todo el núcleo familiar los resultados son mejores.

Los tratamientos que se deben aplicar a los niños se reducen a preparar una dieta global para toda la familia en las comidas que se hagan conjuntamente, planificar las comidas regulares que se hacen individualmente, como son la de media mañana y la merienda y aconsejar el aumento de ejercicio físico, pero respetando la voluntad del paciente por pequeño que éste sea. La parte de la dieta que sea conjunta con el resto de la familia tendrá que ser pactada con el paciente y la familia y las comidas que realice de forma individual serán negociadas con el niño; se aconseja ceder en algún punto para que tenga algún aliciente y éste esté más motivado.

Hay que pensar que el objetivo principal no tiene que ser necesariamente perder peso, ya que esta etapa de la vida coincide con el crecimiento y si se consigue un peso estable el factor altura irá corrigiendo progresivamente la obesidad. El objetivo final del tratamiento de la obesidad infantil es conseguir un adulto con normopeso y con unos hábitos de vida y alimentarios correctos.

Es importante no magnificar el problema de peso y hacerle ver al niño que el médico está para ayudarle.

Fuente: Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad
www.seedo.es

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