La importancia del postre

Aprenda a manipular para dar un toque diferente a su mesa.

 

Para terminar un caluroso almuerzo de verano, nada mejor que una gran fuente de fruta muy fría y madura con trozos de melón, sandía, ciruelas, diferentes tipos de duraznos, frutillas, damascos y todo lo que esta pródiga estación nos ofrece (que afortunadamente es bastante en este lugar del mundo).

Pero mucha gente piensa que la fruta no constituye un postre en sí. ¿Qué puede superar al jugoso y aromático encanto de un durazno? o ¿a la dulce y turgente frescura de una sandía? Para los golosos y los “adictos”, cuyo paladar no goza de vacación alguna, un jugoso y dulce durazno sólo puede ser superado por otro durazno, pero engalanado con algunas traviesas calorías que calmen su espíritu (por lo menos en el corto plazo). Así, cremas, helados, salsas, leche condensada o evaporada, yogurt, huevos y harinas convierten a las coloridas frutas en “verdaderos” postres de verano.

ensalada de frutas

Las alternativas son múltiples, desde delicados consomés de frutas, muchas veces aromatizados con hierbas y servidos con algún exótico sorbete, hasta los arquitectónicos “napoleón”, construidos con chips de frutas o trozos de hojaldre y rellenos con cremas, salsas o purés de frutas de la estación.

Otra opción interesante son los postres clásicos como la “carlota rusa” o sus variaciones, donde se revisten las paredes y la base de un molde con galletas de champagne y se rellena con algún mousse o crema chantilly y frutas como duraznos, frutillas, frambuesas etc…

tarta pavlova

Igualmente clásica es la “pavlova”, creada en honor a la bailarina rusa Anna Pavlova, un postre elegante y liviano -como la bailarina- que consiste en una base de merengue que, debidamente horneado, queda crujiente por fuera y blando por dentro. Luego se rellena con crema batida y frutas. Gran euforia provocan aquellos postres conocidos como “crisp” o “cobbler”, hechos con moras, ciruelas, frutillas o nectarines que llevan una cubierta crujiente de masa tipo streusel y se sirven tibios o acompañados de helado o crema.

Así, en consonancia con la estación y con el resto del menú, el postre en su debido dulzor, temperatura y complejidad constituye el elemento culminante de toda comida y fundamental para todos quienes aman y disfrutan del buen comer.

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