Björn Frantzén

Su restaurante "Frantzen Lindeberg" con nombre de los apellidos de dos amigos que se conocen desde bien jóvenes, cuando comenzaban sus carreras: el chef Frantzén y el panadero y pastelero Daniel Lindeberg. Llegado el momento, decidieron instalarse en la capital sueca, en un pequeño local con capacidad para unos veinte comensales, en donde cada plato es fresco y está elaborado con ingredientes del día, ya que cada mañana se empieza todo desde cero.

A sus 34 años, Lindeberg y Frantzen han obtenido dos estrellas Michelin en dos años consecutivos, cuando su restaurante cumple apenas 3 años de existencia.Frantzen Lindeberg

Lo que distingue a este restaurante de los demás, es que tienen dos huertos, ambos cultivados biológicamente. Uno de ellos está en la pequeña granja de Lars Feddeck situada en Katrineholm, a 200 km de Estocolmo.

En la granja crían también algunos animales, entre ellos cerdos de una antigua raza sueca, la Linderöds, que pueden vivir todo el año al aire libre, incluso a temperaturas de hasta diez grados bajo cero. Estos huertos permiten a Bjorn Frantzen obtener los productos que le hacen falta en el momento preciso en que los necesita.

Björn Frantzén

Esta obsesión por el producto de temporada está omnipresente en la carta: frutas, verduras, marisco, caza, cordero... Un plato puede durar en la carta unos pocos días, o hasta una o dos semanas.

"Nuestra carta no está cerrada, sino que evoluciona día a día en función de lo que está disponible o más bien de los mejores productos que nuestros proveedores pueden ofrecernos en ese momento. Hoy en día el 95% de nuestros productos proceden de países escandinavos, principalmente de Suecia".

Esta necesidad de reafirmar lo auténtico y lo fresco se pone de manifiesto a lo largo de toda la comida. Incluso un ingrediente tan sencillo como la mantequilla sigue una lógica coherente.

Para ésta, se trae a la mesa una pequeña mantequera de madera que contiene nata. El camarero, con una larga espátula, remueve con fuerza el contenido del recipiente hasta que aparece la mantequilla ante los ojos del comensal. 

Con el pescado y el marisco Frantzen, tiene dos enfoques. Si se deben consumir crudos, hay que preservar lo mejor posible la suavidad del gusto y la integridad del sabor, que desaparecen pocos minutos después de la muerte del animal. Sin embargo, un pescado que deba cocinarse va a experimentar una especie de mortificación, como pasa con una costilla de buey. Para el bacalao, hay que contar hasta dos semanas, conservándolo a 0°C en hielo".

Contacto

Frantzén/Lindeberg

Lilla Nygatan 21
111 28 Stockholm
Telefon: 08 20 85 80
www.frantzen-lindeberg.com/se/

 

 

 

 

 

 

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