Recomendaciones
La educación nutricional, ejercida por la familia
desde la infancia, ayuda a prevenir los trastornos
del comportamiento alimentario; por ello se recomienda:
- La organización de los horarios en el seno de la
familia, compartiendo, en la medida de lo posible,
alguna de las comidas con los hijos. Ésta
constituye una buena medida para crear relaciones
afectivas, disfrutar juntos de unos actos
–compra, preparación y consumo de alimentos–
que deben ser placenteros y transmitir conductas
y hábitos alimentarios correctos.
- Evitar el picoteo y el abuso de aperitivos (snacks).
- Procurar que la dieta sea variada y que se consuma
la mayor diversidad de alimentos posible,
pues de esta forma es más fácil cubrir sus necesidades
en nutrientes.
- No se debe utilizar la comida como una forma
de resolver problemas que nada tienen que ver
con ella, como el aburrimiento, tensiones, crisis
de ansiedad, etc.
- La familia debe ejercer, respecto a las comidas
de sus hijos, una supervisión a distancia,
evitando continuas recomendaciones y consejos
reiterativos que pueden crear mal ambiente
e incluso aversión hacia aquellos alimentos que
pretendemos potenciar.
- Procurar que el comportamiento de los miembros
de la familia sea coherente con las recomendaciones
verbales, pues resulta difícil inculcar
un hábito alimentario saludable, cuando
quien lo aconseja no lo pone nunca en práctica.
- La obesidad es una enfermedad de graves consecuencias
en la edad adulta y que comienza en
la infancia. En España un 16% de los escolares de
6 a 12 años tiene problemas de obesidad. En el
caso de los adultos, una de cada dos personas
presenta exceso de peso. Los hábitos alimentarios
inadecuados y el sedentarismo son responsables
de este problema de salud pública.
- Los escolares tienen que comer de todo, pues cuanta mayor variedad de alimentos exista en su
dieta, mayor es la posibilidad de que sea equilibrada y contenga los nutrientes que necesitan.
Comer sólo lo que nos gusta es una mala práctica nutricional.
- Los alimentos deben distribuirse a lo largo del día para que el cuerpo tenga los nutrientes necesarios,
en función de sus exigencias.
- Hay que variar las formas de preparación de los alimentos utilizando distintos procedimientos
culinarios: asados, hervidos, a la plancha, guisados, y no abusar de los fritos. Estimular el consumo
de alimentos crudos (ensaladas, gazpacho, sopas frías…).
- En el plan de comidas de un escolar debe haber una presencia de alimentos ricos en proteínas
de origen animal: lácteos, carnes, huevos y pescados, en equilibrio con alimentos de origen
vegetal: cereales, legumbres, verduras y frutas.
- Los alimentos ricos en hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, legumbres) son imprescindibles
por su aporte de energía y deben formar parte de las dietas habituales de los escolares.
Introducen variedad gastronómica y son esenciales en una buena nutrición.
- Las frutas y ensaladas deben ser habituales y abundantes en la alimentación de los escolares.
- El agua es la mejor bebida. Las comidas deben acompañarse siempre de agua.
- En la edad escolar las bebidas alcohólicas, incluso las de baja graduación, no deben consumirse
nunca.
- El consumo de dulces, refrescos y “snacks” debe ser moderado, pues, si bien no existen buenos
ni malos alimentos, la moderación en la comida debe ser la norma.
- Controlar el exceso de grasas, azúcar y sal.
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¡Recuerde!
- La dieta mediterránea es el mejor ejemplo de alimentación saludable. En nuestro país su puesta
en práctica es fácil porque se dispone de todos los alimentos que la componen y que son,
además, de la máxima calidad: aceite de oliva, pescado, legumbres, cereales, pan, frutas, verduras,
yogur, frutos secos. Sus distintas combinaciones dan lugar a numerosas recetas de alto
valor gastronómico y nutritivo. Hay que enseñar a los escolares a disfrutar de las ventajas de la
dieta mediterránea y a comprar y cocinar.
- La práctica del ejercicio físico, complementada con una alimentación saludable, es esencial para
prevenir la enfermedad y promover la salud. El niño debe acostumbrarse a realizar actividades
físicas y a reducir el ocio sedentario evitando el exceso de horas de televisión y videojuegos.
- El papel de los padres en la formación de los hábitos alimentarios de sus hijos y de un estilo de
vida saludable es esencial. Deben estimularlos a comer de todo y a valorar los alimentos y platos
y recetas como un tesoro cultural.
- Comer es una necesidad y un placer. La comida debe aportar las cantidades en energía y nutrientes
que el organismo necesita, pero también el bienestar psicosocial que supone un plato gastronómicamente
bien preparado, consumido en un lugar agradable y en buena compañía.
- El abuso de la comida rápida nunca es aconsejable, pues contribuye a la formación de malos
hábitos alimentarios y a la obesidad infantil.